Guarecer

Pues un día como hoy me toca, en tal caso, felicitar a Antonio Gala, que es lo más parecido a un padre que he sentido. Fue un día, hace miles, estaba en el salón, en uno de los sofás individuales y gigantes. Aún me recuerdo en ese instante, el entorno en el que estaba, la luz naranja. Mi abuela paterna ya no estaba físicamente. Ella esta en casi TODO lo demás, incluso en mi, en mi forma de ser y de amar incondicionalmente. Abrí el libro la “Soledad Sonora” de Antonio Gala, mientras leía a veces y escribía otras, (en aquella época no existían folios virtuales, lo hacía en los de verdad). En ese mismo instante, lo comprendí.

Ese autor, el que al lado de su firma escribía,

“ponme algo así, como una rayita en tu corazón”

ya formaba parte de mi alma, había hecho la travesía. Iba a acompañarme el resto de mis días, y así fue y así es, lo mismo que los recuerdos y la interpretación que hago de algunas cosas, de mi familia de allí, de todo lo que me llevo, del aprendizaje, del desamor y del Amor.

protección familia

Recuerdo ese instante que hoy, por algún motivo, le ha dado por sobrecogerme. Estaba en casa de mi padre biológico, el que me regaló mi querido Celis, mi familia de allí, mi abuela, mi bisabuela, su hermano (mi tío),  algunos rasgos, la mitad de mis venas, lo que viví y que me llevo puesto como huella dactilar. Las sonrisas de todos. Las Miradas. La Mirada. Los recuerdos con cada uno. Mi abuela amándome hasta el infinito y más allá. Mi bisabuela y yo (miniyo) jugando al tute. Todas las historietas que se sabía de memoria, todos los besos que me llevo puestos.

Con estas, otras tantas como estas y otras tantas como la mitad de estas, me llaman el pastor de las 20 ovejas. ¿Cuantas ovejas tenía el pastor?

Mi padre durmiendo en su cuarto y a donde le llevamos la bandeja para comer. Mi abuelo, sus bromas cuando estaba bien. Lo otro también lo recuerdo pero hace tiempo que he decidido decidir que el amor me alimente, por mi propio bien, por salvaguardarme. Guarecer.

También recuerdo aquella vez que me quedé casi cuatro años con un tipo porque me enamoré de el y siempre me quedará la duda si fue por lo buen padre que era con su hija, creo que ese fue el detonante, porque también tenía otras cosas maravillosas de las que también pude aprender y disfrutar, pero en realidad, nunca fue la horma de ninguno de mis zapatos.

Y la que me quedé seis o incluso más, con alguien que me amó como la primera vez que sentí el verdadero amor de un hombre por una mujer, con el que me habitaron las mariposas cientos de días, años. Uff…Que delicia. Sería imposible que ni siquiera alcanzaras a entenderlo, papá.

O cuando me enamoré tan hasta las trancas que desaparecí cuando se fue. Menos mal que ni me casé, ni me hipotequé, ni tuve hijos, ni me suicidé…podría haberla liado muy parda, papá. Más aún de lo que ando diciendo que la lié, porque la lié.

Me enamoran los hombres que no son como tu, ese imagino que será mi requisito inconsciente, que no se te parezcan en nada. De los que se te parecen me alejo. He aprendido tanto, papá. He amado tanto, incluso a mi.

También me quedo con la tercera definición de huérfana de la rae;

3. adj. Falto de algo, y especialmente de amparo.

Hay huellas que se quedan para siempre, que te van marcando el camino, esa, la de falta de amparo, voy borrandola como puedo mientras voy, recordando a los que si supieron y quisieron guarecerme, eso que tu, no fuiste capaz de entender pese a las personas que te quisimos.

Oda a Mi Padre, la mitad de mis venas.

Papá, me he pasado la vida echando de menos lo que no fuiste, aunque he aprendido a amar lo que si, a comprender tu herida.

Me quedo con el amor de quien me ha enseñado a quererte a pesar de ti. Como mamá dice, si tu fueras como a mi me hubiera gustado que fueras, ya no serías tu, serías otro y es a ti a quien me dijeron que quisiera, en aquella ocasión, si fui obediente.

Yoteguarezcoati

Te quiero, a pesar de ti, como te quiso la abuela, la bisabuela y mamá. Formas parte de mis huellas aunque no hayas sabido o podido estar ahí. Ahora entiendo muchas cosas, pero tuve que herirme a mi para entenderte a ti y ese precio, a veces, no me gusta.

Cuantas veces me quedé mirando hacia arriba, a tus ojos, cuando ni siquiera alcanzaba el medio metro, esperando tu abrazo, algunas palabras de aliento para alimentarme el resto de mi vida, algo, pero tu no mirabas, hablabas con la abuela, hablabas con otros, mirabas a otro lado, mientras yo te miraba a ti.

Ojalá sea cierto que hay un cielo y si lo hay, me gusta pensar que no hay alcohol, ni riñas, ni golpes, ni gritos, ni duelo, ni daño, ni heridas, ni sangre, sólo Amor. La abuela, el abuelo, la bisabuela y tu, rodeados de todo el amor que no fue posible en la tierra y esperándonos para cuando vayamos. Vosotros en vuestra casa y mis otros abuelos, en la de ellos (como siempre, pero mejor) y los perros y Serena, la que me encontró en la calle y decidió compartir conmigo tanto amor y la que vino después, que quise llamarla también, Serena, mi querida Serena, se nos fue demasiado pronto y el Ser, que seguro la anda liando con las gallinas de los vecinos.

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