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Te deseo que Duela

Me puse a escuchar la canción de Let Her Go, una cosa llevó a la otra y terminé haciendo la locución en directo del texto que nació del puro sentimiento.

Her era yo. Yo iba a poner esta canción con una de mis reflexiones, una frase corta o lo aceptable, pero de repente, sin yo darme cuenta de como, pasó esto.

Te voy a ser sincera, en realidad esto me pasó a mi con alguien que me gustaba mogollón. Lo único que hice fue invertir papeles.

Te deseo que duela.

Que me eches de menos.
Que yo no esté.
Que creas que yo te amaba
y un día comprendas,
como la patada que despierta del sueño
en la peli Origen, que NO,
que no era cierto, que nunca te amé,
que fui un producto de tu imaginación.
Que nunca estuve ahí como tu si.
Que ojalá fuera verdad
las veces que parecieron verdad,
pero resulta que los ojalás son cosa de dioses
y como conjunto resulta que tu y yo nunca lo fuimos,
aunque hubieras perdido la mano
si la hubieras puesto por apostar por esa verdad,
que resulta que ya no lo es.

Te deseo esa sensación,

la de entender que nunca fuimos dioses,
que nunca fuimos dos.
Ese extraño vacío de asumirlo.
Y si hablamos de dimensión
también te deseo la misma.
Exactamente el mismo espacio
que ha ocupado en mi alma; tu ausencia.
Exactamente la misma ausencia.
Y te deseo que aparte su mano de la tuya
y que se te quede grabado a fuego ese instante
en el que estuviste a milímetros de distancia de sus manos,
distancia que nunca jamás consiguió corromperse.
Porque “un jamás” existió en ese instante de distancia
en el que vuestras manos apenas llegaron a rozarse
junto con ese gesto de desprecio o de rechazo
que solo tus ojos y tu alma fueron capaces de apreciar
y que cuando ese recuerdo se te venga,
cuando sin querer se te venga
de nuevo ese instante al pensamiento,
se te caiga alguna lagrima de esas gilipollas
que unen la ausencia que tienes en el alma
con el recuerdo de dos manos que jamás se juntan.
Te deseo que todas las soledades
parezcan la misma pero no,
ni de coña, para nada lo son.
Has madurado tanto.
Has crecido tanto por dentro,
que ya no duelen ni la cuarta parte,
y te deseo
que dentro de los trozos de la soledad mas hermosa,
la soledad de estar contigo
y amarte a ti mismo con todas tus fuerzas,
sientas las fuerzas para continuar
con tus sueños, tus metas y aspiraciones,
que no dejes de amar jamás,
que no te rindas, por favor, no te rindas.

Sobre todo, ámate hasta la extenuación,

hasta llorar de amor.
Y lo mas importante;
deseo que a ti
si te sirva de algo mi ausencia,
por que a mi.
no me ha servido
para absolutamente nada
que tenga que ver con avanzar
hacia alguna parte que merezca la dicha,
la tuya.

Proteger GUARECER

Guarecer

No puedo decirte que este es uno de mis escritos mas hondos, porque en realidad todos lo son según la perspectiva desde donde los leamos.
Hoy en España es el Día del Padre.
Lo que quiero con este post, es sobre todo que veas el vídeo (de la ausencia del padre y las posibles consecuencias), lo que yo llamo la herida invisible. Hay personas que sienten esa herida por eventos o percepciones de falta de apego o amor condicional (amor con condición) por parte de su madre, otras por su padre. Sea como sea te servirá para ti o para entender desde donde actúan algunas personas (que aún van por la vida y sus decisiones, sin sanar).
Cada uno de nosotros (en algunos casos) arrastramos una historia de desamor en nuestra infancia, la época en la que no tenemos provisiones emocionales y sólo nos nutrimos de lo que viene de afuera (a veces simplemente, porque cuando somos niños, lo único que esperamos de nuestros cuidadores principales, sean los que sean, es: que nos amen y acepten y valoren de forma incondicional). Justo en esa época se está cociendo lo que luego será: nuestra autoestima (propia), valga la redundancia.
La cuestión y este proyecto, va justo de transcender esa percepción/esa posible herida en nuestra Autoestima, que tuvimos por darle valor, a esa falta de afecto de algún modo, y de ser así: sanar la herida invisible. Si no lo hacemos seguirá supurando incluso hasta el día de nuestra despedida física y nuestras decisiones (inconscientes) tendrán que ver con ella, y nuestro posible autodesamor (propio) también.

La mía tiene que ver con mi padre. El articulo no es reciente, pero servirá para entender desde donde hacemos las cosas. En mi caso mi viaje de sanación tiene todo, absolutamente todo, que ver con aprender a no darle tanta importancia como se la doy al rechazo, al desamparo que me hace sentir todos los sentimientos que afiancé desde mi infancia esperando por un amor que no pudo ser.


Pues un día como hoy me toca, en tal caso, felicitar a Antonio Gala, que es lo más parecido a un padre que he sentido. Fue un día, hace miles, estaba en el salón, en uno de los sofás individuales y gigantes. Aún me recuerdo en ese instante, el entorno en el que estaba, la luz naranja. Mi abuela paterna ya no estaba físicamente. Ella esta en casi TODO lo demás, incluso en mi, en mi forma de ser y de amar incondicionalmente. Abrí el libro la “Soledad Sonora” de Antonio Gala, mientras leía a veces y escribía otras, (en aquella época no existían folios virtuales, lo hacía en los de verdad). En ese mismo instante, lo comprendí.

Ese autor, el que al lado de su firma escribía,

“ponme algo así, como una rayita en tu corazón”

ya formaba parte de mi alma, había hecho la travesía. Iba a acompañarme el resto de mis días, y así fue y así es, lo mismo que los recuerdos y la interpretación que hago de algunas cosas, de mi familia de allí, de todo lo que me llevo, del aprendizaje, del desamor y del Amor.

protección familia

Recuerdo ese instante que hoy, por algún motivo, le ha dado por sobrecogerme. Estaba en casa de mi padre biológico, el que me regaló mi apellido Celis. Mi querida abuela paterna, mi bisabuela paterna, mi exfamilia del otro lado del charco, algunos rasgos, los parecidos razonables, la mitad de mis venas, lo que viví y que me llevo puesto como huella dactilar. Las sonrisas de todos. Las Miradas. La Mirada. Los recuerdos con cada uno. Mi abuela y yo, amándonos hasta el infinito y más allá. Mi bisabuela y mi miniyo jugando al tute. Todas las historietas que se sabía de memoria, todos los besos y el amor que por ese lado, si me llevo puestos.

Con estas, otras tantas como estas y otras tantas como la mitad de estas, me llaman el pastor de las 20 ovejas. ¿Cuantas ovejas tenía el pastor?

Mi padre durmiendo su borrachera diaria en su cuarto y a donde le llevamos la bandeja para comer. Mi abuelo, sus bromas cuando estaba bien (por la mañana). Por la tarde-noche el monstruo que nunca fue capaz de dejar de ser, arrasándolo todo con su maldad a su paso. Ahora, después de lo que hizo y todo mi tiempo y amor perdido con él,  Maltratador incluso después de muerto. Él es hasta donde yo conozco, la herida que me llegó a mi y de la que debo encargarme yo de sanar.  Él es mi maltratador póstumo, el maltratador de mi abuela, de mi padre y hasta aquí voy a leer.

Hace tiempo que he decidido decidir que el amor me alimente, por mi propio bien, por salvaguardarme. Guarecer. Afortunadamente ya se poner limites cuando la realidad me ha demostrado lo crueles que son las personas por decisión propia. (La saga de mis Celis. Lo peor de lo peor)

También recuerdo aquella vez que me quedé casi cuatro años con un tipo porque me enamoré de él y siempre me quedará la duda, papá, si fue por lo buen padre que era con su hija, creo que ese fue el detonante, (el error de la dependencia de admirar desde lo que no tengo). Ese hombre tenía otras cosas maravillosas de las que también pude aprender y disfrutar, pero en realidad, nunca tuvo nada que ver conmigo, sino con lo que yo creía que me faltaba a mi. Nunca fue la horma de ninguno de mis zapatos y mi herida invisible (entonces), me hizo quedarme ahí.

Y la que me quedé seis años o incluso más, con alguien que me amó, como la primera vez que sentí el verdadero amor de un hombre por una mujer, con el que me habitaron las mariposas cientos de días, años. Uff…Que delicia. Sería imposible que ni siquiera alcanzaras a entenderlo, papá.

O cuando me enamoré tan hasta las trancas de la codependencia, que desaparecí cuando se fue. Menos mal que ni me casé, ni me hipotequé, ni tuve hijos, ni me suicidé…podría haberla liado muy parda, papá. Más aún de lo que ando diciendo que la lié, porque la lié.

Me enamoran los hombres que no son como tú, ese es mi requisito consciente, que no se te parezcan en nada.

De los que se te parecen me alejo. He aprendido tanto, papá. He amado tanto, incluso…y esto que te voy a decir, te va a alucinar: incluso a mi.

También me quedo con la tercera definición de huérfana de la rae;

3. adj. Falto de algo, y especialmente de amparo.

Hay huellas que se quedan para siempre, que te van marcando el camino, esa, la de falta de amparo, voy borrandola como puedo mientras voy, recordando a los que si supieron y quisieron guarecerme, eso que tú, no fuiste capaz de entender pese a las personas que te quisimos. Ambos, tú y yo, portamos la misma herida, la misma ausencia, la del amor de nuestro padre. Echo tanto de menos lo que no fuimos capaz de ser, ni hacer, papá.

Oda a Mi Padre, la mitad de mis venas.

Papá, me he pasado la vida echando de menos lo que no fuiste, aunque he aprendido a amar lo que si, a comprender tu herida.

Me quedo con el amor de quien me ha enseñado a quererte a pesar de ti. Como mamá dice: -si tu fueras como a mi me hubiera gustado que fueras, ya no serías tu, serías otro y es a ti a quien ella me dijo que quisiera, en aquella ocasión, si fui obediente.

Yoteguarezcoati

Te quiero, a pesar de ti, como te quiso la abuela, la bisabuela y mamá. Formas parte de mis huellas aunque no hayas sabido o podido estar ahí. Ahora entiendo muchas cosas, pero tuve que herirme a mi para entenderte a ti y ese precio, a veces, no me gusta.

Cuantas veces me quedé mirando hacia arriba, a tus ojos, cuando ni siquiera alcanzaba el medio metro del suelo, esperando tu abrazo, algunas palabras de aliento para alimentarme el resto de mi vida, algo, pero tú no mirabas (no podías). Hablabas con la abuela, hablabas con otros, mirabas a otro lado, mientras yo te miraba a ti.

Tendría yo unos 33 años. Fue la primera y única vez que mi padre, mientras ponía su brazo sobre mis hombros, me apretó contra el y con mirada de soslayo me dijo:

-Nena, ¿tu sabes que te quiero mucho, verdad?.

-Con la mejor de mis sonrisas le dije, Si! Claro! (le mentí). Yo también te quiero mucho, respondí (en eso no mentí).

Este vídeo forma parte de la historia. Afortunadamente y gracias al aprendizaje que me regaló el Desarrollo Personal, supe perdonar a mi padre y a mi por no haber sabido hacerlo antes, ya que mi padre es realmente el niño herido, muchísimo mas que yo. En este otro articulo Tu entramado y Tú  te enseño mi secreto.

Ojalá sea cierto que hay un cielo y si lo hay, me gusta pensar que no hay alcohol, ni riñas, ni golpes, ni gritos, ni duelo, ni daño, ni heridas, ni sangre, sólo Amor. La abuela, la bisabuela y tú, rodeados de todo el amor que no fue posible en la tierra y la bisabuela que vaya y venga a ver a su hijo (tu padre y mi abuelo), el caso es que ahí estáis, esperándonos para cuando vayamos. Vosotros en vuestra casa y mis otros abuelos, en la de ellos (como siempre, pero mejor) y los perros y Serena, la que me encontró en la calle y decidió compartir conmigo tanto amor y la que vino después, que quise llamarla también, Serena, mi querida Serena, (y mi seudónimo durante tanto tiempo). Serena, se nos fue demasiado pronto por la negligencia de la veterinaria de Turón hará 20 años ya y el Ser, que seguro la anda liando con las gallinas de los vecinos.

¿Desde donde hacemos las cosas? ¿Para que hacemos lo que hacemos? ¿Para hacer tributo a que cosa, persona o herida?

Cuéntame, ¿identificas en ti alguna herida invisible? A veces, es más bien de una percepción completamente subjetiva de nuestra realidad. ¿Has percibido ese amor incondicional en tu infancia? Trascenderlo. He ahí la cuestión, he ahí el dilema.