La mayoría de los casos, no es empatía, sino que se trata de una proyección nuestra, donde nos montamos una película que no suele ajustarse a la realidad.

Que sintamos mucho e intensamente, es una cosa. Que eso que estamos sintiendo como nuestra realidad, sea realmente, la realidad, es otra.

Cuando somos niños, somos Ángeles y nuestros cuidadores principales, son nuestros Dioses. Luego, es cuando crecemos y nos convertimos en adultos. Algunos conseguimos mantenernos siendo lo que somos desde nuestra esencia. Otros trabajamos para reencontrarnos y vivir a través de ella. Y Otros, morimos. sin haber sido capaces de comprender el milagro.