«Que se puede esperar de una mujer que era tan fea y soberbia por dentro, que fue incapaz de vivir siendo fea por fuera».

Cada uno de los gramos que sobrepasan mi peso normal y que ahora me conforman me recuerdan cada uno de mis fracasos, en fila, uno detrás del otro en montones de a diez y de a veinte. Apilados como cadáveres de todas las medidas, de todos los colores.