Lo que diferencia entre los que salen aparentemente ilesos de un problema por grande que sea (y yo salí de unos cuantos),  es la posición en la que mantienen su cabeza. No hay que agachar la cabeza.

No configures a tus hijos con una mala autoestima. No les dejes esa carga que luego tendrán que arreglar a base de hostias, de un aprendizaje difícil de encontrar y una perdida de tiempo y energía desproporcional con la vida.

Cada uno de los gramos que sobrepasan mi peso normal y que ahora me conforman me recuerdan cada uno de mis fracasos, en fila, uno detrás del otro en montones de a diez y de a veinte. Apilados como cadáveres de todas las medidas, de todos los colores.